Autoliderazgo en equipos de salud: ser parte de la solución desde tu rol
- Dra. Beatriz Q. Vallejo
- Jan 15
- 3 min read
En un turno de ocho horas en el que todo parece ir cuesta arriba, con presión, multitarea constante y pocas respuestas claras, siempre ocurre algo interesante. Mientras algunos se quejan, otros se desconectan emocionalmente. Y casi siempre, aparece alguien sin cargo, sin título ni autoridad formal que decide hacer algo distinto:
Habla con respeto. Baja el tono. Apoya a un compañero. Propone una solución simple.
Esa persona no mandó, quizás ni siquiera era jefe o supervisor. Pero cambió el ambiente. Cambió el momentum.Y eso también es liderar.
Hablo sobre este tema en el podcast Comuncia Salud. Escúchalo aquí:
Autoliderazgo en equipos de salud: cuando liderar no es mandar
Durante años se nos ha enseñado que liderar es sinónimo de mandar, de ocupar una posición jerárquica o de tener poder formal. Desde esa creencia nacen frases comunes en los equipos de salud como:“Yo no mando aquí”, “Eso no me toca”, “Que decida otro”.
Pero el liderazgo real no siempre viene con cargo. Muchas veces aparece en silencio, en los gestos cotidianos y en cómo respondemos a lo que ocurre a nuestro alrededor.
El liderazgo invisible que sostiene o transforma los equipos de salud
Aunque no lo elijas conscientemente, siempre estás influyendo. Cuando creemos que no tenemos poder, dejamos que las cosas pasen. Normalizamos el mal clima laboral, el cansancio crónico, la falta de respeto y el silencio incómodo.
Esa pasividad también es una forma de liderazgo. Un liderazgo que sostiene lo que no funciona. Las organizaciones de salud no se sostienen solo por sus estructuras o protocolos. Se sostienen por personas. Personas que modelan actitudes, cuidan el ambiente emocional, traducen tensiones que afectan directamente cómo otros trabajan y se sienten.
Autoliderazgo en equipos de salud en contextos de alta presión
En los escenarios más exigentes, donde la presión es constante y el sistema no siempre acompaña, el autoliderazgo se vuelve esencial. Porque no siempre puedes cambiar el sistema, pero sí puedes decidir cómo te regulas, cómo respondes y qué conducta refuerzas.
Y aquí aparece una verdad incómoda, pero liberadora:
para liderar a otros, primero tienes que liderarte a ti.
Tres microacciones de autoliderazgo en equipos de salud
El autoliderazgo no requiere permisos ni cargos. Comienza con acciones pequeñas y consistentes:
1. Hazte responsable de tu actitud: Aunque el sistema sea imperfecto, tu autocontrol sigue siendo tu responsabilidad. No se trata de negar la realidad, sino de no entregar tu reacción al caos.
2. No alimentes lo que no quieres sostener: Quejarte sin acción, normalizar la falta de respeto o participar del desgaste emocional refuerza lo que no funciona.
3. Intervén con respeto cuando algo no va bien: A veces basta con una pregunta, una observación calmada o un gesto de apoyo. Liderar no es confrontar, es responder conscientemente.
Cuando cada persona se lidera, el clima cambia. Los equipos se sienten más seguros, los errores disminuyen y la humanidad regresa al trabajo.

Autoliderazgo en equipos de salud: del rol de víctima al margen de acción
Decir “yo no mando aquí” puede resultar cómodo, pero también puede convertirte en cómplice del problema. Liderar no es controlar. Liderar es responder con intención a lo que ocurre a tu alrededor.
El autoliderazgo en equipos de salud te devuelve sentido. Te saca del rol de víctima, te conecta con tu propósito profesional y te recuerda que siempre existe un margen de acción, incluso dentro de sistemas imperfectos.
Si no te lideras tú, alguien más decidirá por ti…y no siempre será para bien. El cambio organizacional comienza cuando alguien, en silencio y con intención, decide marcar la diferencia desde su pequeño espacio. Y eso también es comunicar salud.
¿En qué situación reciente pudiste liderarte mejor para ser parte de la solución y no del problema?
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