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Microagresiones en salud: cómo identificarlas y transformarlas desde el liderazgo


En los espacios de salud se habla mucho de calidad, seguridad del paciente, liderazgo y trabajo en equipo. Sin embargo, hay algo que suele quedar fuera de esas conversaciones formales, aunque esté presente todos los días: las microagresiones. Son silenciosas, cotidianas y profundamente dañinas. Y precisamente por eso, muchas veces se normalizan.


Hablé sobre esto en este episodio de Comunica Salud. Te lo dejo aquí para que lo escuches a tu tiempo:



Hay que conocer el contexto. Hay que conocer qué está ocurriendo, pero hay que darse a respetar. Hay que nombrar eso que es incómodo, con respeto.

Nombrar lo incómodo no es confrontar por confrontar. Es abrir espacio a una comunicación más humana y responsable.


Las microagresiones no siempre son intencionales. No siempre se dicen en voz alta ni con mala intención, pero dejan marca. Afectan el clima laboral, erosionan la confianza entre colegas, dañan la comunicación y, en última instancia, afectan la experiencia y la atención del paciente.


¿Qué entendemos por microagresiones?


Son comentarios, actitudes o comportamientos sutiles que transmiten desdén, invalidación o estereotipos hacia otra persona. Pueden estar relacionados con el rol profesional, el género, la edad, la cultura, el nivel educativo, las condiciones de salud o el estatus social.


En el ámbito de la salud, donde el estrés es alto y las jerarquías están claramente marcadas, estas conductas resultan especialmente peligrosas. No porque sean evidentes, sino porque se acumulan.


Ninguna microagresión es pequeña. Ninguna.

Cuando el mensaje no es lo que se dice, sino lo que se transmite


Un comentario como “esto es muy básico, pensé que ya lo sabías” puede parecer trivial. Pero el mensaje implícito es otro: no confío en ti; no eres competente.


Lo mismo ocurre cuando alguien interrumpe, hace gestos de desaprobación mientras otra persona explica algo, o decide hacerlo “más rápido” sin permitir que la otra persona participe.


En la relación con los pacientes, frases como “eso es normal a su edad” o “usted no va a entender porque esto es muy complicado” invalidan la experiencia del otro y rompen la alianza terapéutica.


Entre colegas, expresiones como “tú siempre eres tan emocional” o “aquí siempre se ha hecho así” silencian, minimizan y refuerzan estereotipos. No abren diálogo; lo cierran.


El silencio también comunica


Uno de los aspectos más difíciles de reconocer es el liderazgo pasivo. Ese silencio que se produce cuando alguien hace un comentario inapropiado y nadie interviene. Reuniones en las que unos hablan siempre y otros nunca son escuchados. Momentos en los que el poder se ejerce no desde la palabra, sino desde la omisión.


Hace algún tiempo, en una reunión profesional, una doctora le dijo a una abogada, frente a todo el grupo: “Si vas a decir algo, habla rápido”. Nadie respondió. Nadie intervino. El daño no fue solo el comentario; fue el silencio colectivo que lo validó.


Tres profesionales de la salud conversan en un espacio clínico, mostrando una interacción respetuosa y colaborativa entre colegas durante una conversación de trabajo.
Cada conversación en los equipos de salud es una oportunidad para construir respeto, confianza y una cultura de cuidado compartido.

El impacto real de las microagresiones


Las microagresiones no se quedan en lo emocional. Tienen consecuencias reales y medibles. Entre ellas:


  • Aumentan el desgaste emocional y el agotamiento

  • Dañan el trabajo en equipo

  • Generan rotación de personal

  • Afectan la comunicación clínica

  • Disminuyen la adherencia al tratamiento


Por eso, liderar en salud no es solo coordinar tareas ni cumplir métricas. Es modelar cultura.


Liderar desde la conciencia, no desde la humillación


Liderar en salud hoy implica conciencia emocional, comunicación respetuosa y capacidad de corrección sin humillación.

No se trata de ser perfectos, sino de ser responsables de cómo nos relacionamos.

A nivel individual, el cambio comienza con pequeñas decisiones: pausar antes de hablar, preguntar antes de asumir, sustituir el “tú siempre” por un “en esta situación”. A nivel de equipo, implica establecer acuerdos claros de comunicación, corregir en privado, reconocer en público y, sobre todo, intervenir cuando algo no está bien, sin importar las jerarquías.


En la relación con pacientes y comunidades, liderar conscientemente significa validar experiencias, usar un lenguaje claro y empático y reconocer las barreras sociales y culturales que atraviesan la atención en salud.


Humanizar no es censurar


Las microagresiones nunca son pequeñas para quien las recibe. Lo que para una persona puede ser “solo un comentario”, para otra puede convertirse en una herida acumulada. Erradicarlas no es censurar ni caminar con miedo. Es humanizar.


Cuando humanizamos los espacios de salud, los resultados clínicos, organizacionales y comunitarios mejoran.

Una pregunta para comenzar


Este no es un trabajo que empiece señalando a otros. Empieza mirando hacia adentro. La invitación es sencilla y profunda:


¿Por dónde voy a comenzar a trabajar conmigo para asegurarme de no ser yo quien comete estas microagresiones?


Porque liderar, hoy más que nunca, también es cuidar. Cuidar al paciente, cuidar al equipo y cuidar la forma en que nos tratamos.


Preparé este ejercicio práctico para ti para que puedas autoevaluarte y eliminar las microagresiones de tu vida. Descárgalo aquí:



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