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El cuerpo guarda lo que no soltaste: cómo el movimiento puede convertirse en autocuidado para profesionales de la salud



¿Cuántas veces has terminado una jornada de trabajo sintiendo una carga difícil de explicar?


No necesariamente ocurrió algo extraordinario. Tal vez atendiste pacientes, participaste en reuniones, sostuviste conversaciones difíciles o manejaste situaciones que requerían presencia emocional constante. Sin embargo, al llegar a casa sientes cansancio, tensión o una sensación de peso que parece no tener nombre.


Muchos profesionales de la salud conocen esa experiencia. Y aunque solemos pensar que el autocuidado significa descansar, dormir más o tomar vacaciones, existe algo que a veces olvidamos: el cuerpo también necesita participar en el proceso de recuperación emocional.

Porque hay emociones que la mente ya no logra procesar, pero el cuerpo sí.

Hablé sobre esto en el episodio 92 del podcast Comunicacion Salud. Te lo demo aquí para que lo escuches completo.



Los profesionales de la salud aprendemos a contener, pero no siempre a liberar

En las profesiones de servicio aprendemos a sostener mucho. Sostenemos dolor. Sostenemos incertidumbre. Sostenemos historias difíciles. Sostenemos la necesidad de responder rápidamente mientras acompañamos a otros.


Pero rara vez recibimos herramientas para liberar todo aquello que acumulamos durante el proceso. El problema es que las emociones no desaparecen porque las ignoremos. Con frecuencia se manifiestan de maneras distintas:


  • Fatiga persistente

  • Tensión muscular

  • Irritabilidad

  • Dificultad para desconectarse del trabajo

  • Sensación de vacío emocional

  • Cansancio que el descanso no parece resolver

Estos síntomas no necesariamente significan que algo esté mal contigo.

Significan que tu cuerpo podría estar intentando enviarte un mensaje.


Lo que ocurre en tu cuerpo cuando experimentas estrés

La ciencia ha demostrado que las emociones tienen una respuesta física real. Cuando vivimos una experiencia emocional intensa, ocurren distintos procesos:


1. Se activa el cerebro emocional

El sistema límbico, particularmente la amígdala, ayuda a identificar señales relacionadas con miedo, estrés o tristeza. Es una alarma interna que dice:

“Esto es importante. Presta atención.”

2. El cuerpo entra en modo de respuesta

Sin que tengas que pensarlo conscientemente, el sistema nervioso autónomo comienza a actuar.

Pueden ocurrir cambios como:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca

  • Cambios en la respiración

  • Tensión muscular

  • Sensación de alerta

Tu cuerpo se prepara para responder.

3. Se liberan sustancias relacionadas con el estrés

Hormonas como el cortisol y la adrenalina ayudan a enfrentar situaciones demandantes. El detalle importante es que el cuerpo no distingue perfectamente entre una amenaza física inmediata y una carga emocional acumulada. Para el cuerpo, ambas pueden sentirse similares. Y cuando esa activación permanece sin descarga, es como dejar una canción reproduciéndose sin encontrar el botón de


Profesional de la salud en ropa médica de pie junto a una ventana, con los ojos cerrados y las manos abiertas mientras realiza un movimiento suave de estiramiento corporal, transmitiendo bienestar, liberación emocional y autocuidado.
El autocuidado no siempre significa detenerse. A veces significa moverse, respirar y permitir que el cuerpo libere lo que ha estado sosteniendo en silencio.

El movimiento como puente entre emoción y autocuidado

Durante años el movimiento se ha asociado principalmente con ejercicio, pérdida de peso o estética. Pero existe otra perspectiva importante:

El movimiento también puede ser una herramienta de regulación emocional.

Diversos estudios en neurociencia y psicología somática sugieren que el movimiento rítmico puede:

  • Favorecer la regulación del sistema nervioso

  • Estimular neurotransmisores asociados al bienestar, como dopamina, serotonina y endorfinas

  • Fortalecer la conexión entre mente y cuerpo

  • Ayudar a disminuir síntomas relacionados con ansiedad y estrés

No estamos hablando de coreografías perfectas ni de clases especializadas. Sino de permitir que el cuerpo tenga espacio para expresarse.


Necesitas permitirte sentir.


Imagina este escenario:

Tuviste un día emocionalmente pesado. Llegas a casa sin deseos de hablar con nadie. Tampoco quieres explicar lo que sientes.

Decides hacer algo distinto esta vez.

Pones una canción.

Cierras los ojos.

Y comienzas a moverte.

Sin técnica.

Sin juicio.

Sin preguntarte si se ve bien.

Al principio puede sentirse extraño. Quizás incluso incómodo.

Pero poco a poco el cuerpo empieza a responder.

Ese movimiento no necesariamente es baile.

Puede convertirse en una forma de liberar frustración, tristeza, tensión o agotamiento.

El movimiento no es estética. El movimiento también es expresión.

Microdescargas emocionales: pequeñas pausas que pueden hacer una gran diferencia


El autocuidado no tiene que esperar a que termine el día. El cuerpo se beneficia de salidas frecuentes, no únicamente escapes ocasionales. Durante tu jornada de trabajo puedes integrar pequeñas prácticas:

  • Estirar el cuello y los hombros entre pacientes

  • Sacudir suavemente las manos

  • Respirar profundamente durante un minuto

  • Hacer pausas conscientes

  • Caminar unos minutos

  • Liberar tensión corporal acumulada

Son acciones pequeñas, pero pueden convertirse en espacios donde el cuerpo encuentra alivio.


Una práctica sencilla para comenzar hoy

Regálate cinco minutos.

Pon música.

Cierra los ojos.

Muévete sin estructura.

Y mientras lo haces, pregúntate:

¿Qué necesita mi cuerpo ahora mismo?


Luego, al finalizar, coloca tu mano sobre el corazón y respira profundamente.

Puedes repetir:

“Mi cuerpo sabe cómo sanar lo que mi mente todavía no puede explicar.”

Porque un profesional que nunca libera eventualmente puede desconectarse. Pero un profesional que aprende a moverse aprende también a sostener sin romperse. Y eso también forma parte de convertirse en un profesional 10 estrellas.

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