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¿Quién decidió que comunicar era un “soft skill”? La comunicación en salud es una competencia clínica

Writer: Dra. Beatriz Q. Vallejo
Dra. Beatriz Q. Vallejo
Oct 15
10 min read



Smiling red-haired woman in a pink blazer sits at a desk in a bright office, facing the camera.

Autora: Dra. Beatriz Q. Vallejo, EdD, MPHE, MPR, CHES®, CDI®

Presidenta de Health Communications Gallery




"Pero yo se lo expliqué."

Es una frase que se escucha en los pasillos de los hospitales, en las estaciones de enfermería y en las reuniones que se llevan a cabo después de que algo sale mal. Casi siempre es verdad. Alguien explicó. Alguien dio las instrucciones, entregó el papel, mencionó la dosis.


Y aun así, el paciente regresó sin haber tomado el medicamento según lo indicado. O el cambio de turno dejó fuera un dato importante. O una persona del equipo vio el riesgo y no encontró la manera de comunicarlo a tiempo.

La pregunta que casi nunca se hace en ese momento es otra: ¿lo comprendió?

Las habilidades blandas en salud no tienen nada de blandas. La comunicación forma parte de la competencia clínica porque determina si la información necesaria se transmite, se recibe, se interpreta y se utiliza correctamente. Cuando falla, no solo se ve afectada la experiencia del paciente: pueden verse comprometidas su seguridad, su adherencia al tratamiento y su confianza en el equipo. Por eso, la comunicación clínica requiere conocimiento, técnica, práctica, evaluación y entrenamiento, al igual que cualquier otra destreza profesional.


Una pregunta que llevo un año haciéndome


¿En qué momento colocamos la capacidad de explicar, escuchar, preguntar, verificar la comprensión, manejar una conversación difícil o hablar cuando la seguridad de un paciente está en riesgo en la categoría de lo "blando"?


Llevo un año dándole vueltas a esa pregunta y la llevé al podcast Comunica Salud porque creo que el problema empieza por el nombre.



Cuando hablamos de soft skills casi siempre lo hacemos para diferenciarlas de las hard skills: las capacidades técnicas que podemos observar, enseñar y medir. Sabemos medir si una persona puede realizar un procedimiento. Sabemos evaluar su conocimiento farmacológico. Sabemos comprobar si domina un protocolo.


Pero durante años colocamos la comunicación, la empatía, la escucha, el liderazgo y el trabajo en equipo en otra cajita. La cajita de lo interpersonal. Lo deseable. Lo bonito. Lo que algunas personas "tienen naturalmente".


Ese nombre tiene consecuencias prácticas. Lo que se considera blando recibe menos horas en el currículo. Rara vez se evalúa con el mismo rigor que un procedimiento. Raramente aparece en una evaluación de desempeño con criterios observables. Y cuando llega el momento de recortar el presupuesto de adiestramiento, suele ser lo primero que se sacrifica.

Lo que no se nombra como competencia no se entrena como competencia.

¿Qué es la comunicación clínica?


Comunicar clínicamente significa lograr que la información necesaria sea correctamente transmitida, recibida e interpretada y, cuando corresponde, utilizada. Esa definición tiene cuatro eslabones y cada uno puede romperse por separado:

  1. Transmitida: la información salió completa, en el momento adecuado y por el canal adecuado.

  2. Recibida: llegó a la persona que la necesitaba, en condiciones de atenderla (no a un paciente que acaba de recibir un diagnóstico y ya no está escuchando nada más).

  3. Interpretada: la persona le dio el mismo significado que quien la emitió.

  4. Utilizada: la información se convirtió en una acción correcta, ya sea en la consulta, en el cambio de turno o en la casa del paciente.


La mayoría de las evaluaciones informales de la comunicación se quedan en el primer eslabón. "Lo dije." "Está en el expediente." "Le di la hoja." Pero la comunicación clínica se mide al final de la cadena, no al principio.


Qué no es la comunicación clínica


No es hablar bonito. No es cortesía, aunque la cortesía ayude. No es carisma ni un talento con el que algunas personas nacen y otras no. Tampoco es una tarea que deba delegarse en el departamento de comunicaciones.


Comunicar no es hablar bonito. Es lograr que la información cumpla su función.

Por eso te propongo cambiar el vocabulario. En vez de preguntar si alguien "tiene buenas habilidades blandas", pregúntate:

"¿Este profesional posee las competencias de comunicación necesarias para ofrecer una atención segura y centrada en la persona?"

Y luego extiende la pregunta: ¿tiene las competencias de comunicación necesarias para trabajar en equipo? ¿Para liderar? ¿Para trabajar con las comunidades?


La diferencia no es cosmética. Una pregunta así obliga a definir qué se espera, a observarlo y a tomar decisiones basadas en ello.


Las habilidades blandas en salud tienen consecuencias duras


Piensa en estas situaciones, todas reconocibles en cualquier institución de salud:

  • Una enfermera no comunica un cambio importante en la condición de un paciente.

  • Durante un cambio de turno se pierde información crítica.

  • Un médico prescribe correctamente, pero el paciente sale sin comprender cómo tomar el medicamento.

  • Alguien del equipo identifica un riesgo, pero no sabe cómo expresarlo.


Eso no tiene nada de soft. Puede cambiar un resultado clínico. Puede cambiar una decisión. Puede cambiar una vida.


Médica escucha a un paciente explicar su tratamiento, ejemplo de habilidades blandas en salud como competencia clínica
El momento en que el paciente lo explica con sus propias palabras es cuando sabemos si la comunicación funcionó.

La señal en la seguridad del paciente


En 2025 se publicó en Annals of Internal Medicine una revisión sistemática sobre la comunicación y la seguridad del paciente. Los investigadores analizaron 46 estudios que, en conjunto, incluyeron a 67,826 pacientes.


En los estudios que evaluaron la comunicación como la única causa identificada de un incidente de seguridad, la mediana fue de aproximadamente el 13%. Al analizar estudios en los que la comunicación podía contribuir al incidente junto con otros factores, se observó que en una mediana de aproximadamente 24% de los incidentes. Uno de cada cuatro.


Los propios investigadores advierten que los estudios eran heterogéneos y que la certeza general de la evidencia era baja o muy baja. Eso también hay que decirlo, porque comunicar la ciencia de forma responsable implica no convertir una asociación en una sentencia.


Pero la señal es lo bastante importante como para hacernos una pregunta incómoda: ¿cómo podemos seguir tratando la comunicación como una competencia secundaria cuando se vincula a la seguridad del paciente?


A eso se suma que la Joint Commission ha identificado repetidamente las fallas de comunicación y de trabajo en equipo como causas principales asociadas a eventos centinela. La conversación cambia de nivel. Ya no estamos hablando solo de satisfacción. Estamos hablando de seguridad.


La señal en la adherencia


Ahora pensemos en lo que ocurre después de la consulta. Un profesional puede hacer un diagnóstico extraordinario, seleccionar el tratamiento adecuado y escribir la receta perfecta. Queda una pregunta: ¿qué entendió el paciente?


Un metaanálisis que reunió décadas de investigación encontró que los pacientes atendidos por médicos con comunicación deficiente presentaban un riesgo de no adherencia aproximadamente un 19% mayor que los atendidos por médicos con comunicación efectiva. Y cuando los médicos recibían capacitación en comunicación, las probabilidades de adherencia aumentaban.

Prescribir no es lo mismo que comunicar. Y comunicar no implica necesariamente que la otra persona comprenda.


Aquí conviene separar tres responsabilidades que solemos mezclar. Explicar es responsabilidad del profesional. Comprender es el resultado de ese encuentro. Y actuar sobre esa información ocurre en la vida real del paciente: en la farmacia, en la cocina de su casa, frente a un pastillero, a veces días después y sin nadie a quien preguntar.

Por eso "pero yo se lo expliqué" es una frase que deberíamos eliminar de los servicios de salud. Describe el primer eslabón y da por hecho los otros tres.


Las cinco dimensiones de la comunicación clínica


Si la comunicación es una competencia, necesita criterios. Estas cinco dimensiones sirven para observarla, en uno mismo y en un equipo.


1. Claridad

¿Puedo convertir información compleja en información comprensible sin sacrificar la precisión? La claridad no es simplificar hasta deformar. Es el trabajo técnico de traducir sin perder lo esencial: elegir la palabra que el paciente usa, ordenar la información por prioridad y decir primero lo que la persona necesita hacer.

La claridad también es una forma de seguridad.


2. Escucha

¿Estoy esperando mi turno para hablar o realmente estoy recogiendo información? La escucha suele considerarse una cortesía, pero en el contexto clínico es una fuente de datos. El síntoma que el paciente menciona casi al salir, la duda que no se atrevió a formular, la condición de su casa que hace imposible seguir el plan: todo eso es información clínica. Escuchar también produce datos. Sobre esta dimensión profundizamos en Escucha Activa y trabajo en equipo: Lo que las hormigas nos enseñan.


3. Verificación

¿Asumo que el mensaje llegó o verifico la comprensión? Esta dimensión es la que conecta directamente con el "pero yo se lo expliqué". Verificar no es preguntar "¿entendió?", una pregunta que casi siempre recibe un "sí" por cortesía o por vergüenza. Es pedirle a la persona que muestre lo que entendió.


4. Adaptación

¿Me comunico exactamente igual con todas las personas? ¿Tomo en consideración su edad, su idioma, su cultura, su estado emocional, su nivel de alfabetización en salud, su contexto, su capacidad cognitiva y sus experiencias previas? Todo eso modifica el encuentro. El mismo mensaje, dicho a dos personas distintas, no llega igual a ninguna de las dos.


5. Conexión

Esta quizás sea la dimensión que más subestimamos. Una persona puede recibir información perfectamente correcta y, aun así, no confiar en quien se la ofrece. Cuando eso ocurre, la información correcta pierde fuerza. Por eso la comunicación clínica no puede reducirse a la transmisión de información: también construye (o destruye) confianza. Si te interesa cómo se construye esa confianza en conversaciones con pacientes indecisos, lee Vacunas y salud pública: mitos, verdades y el riesgo del resurgimiento de enfermedades.


Cómo entrenar la comunicación clínica desde tu próximo encuentro


Lenguaje claro, teach-back, preguntas abiertas, escucha activa, comunicación de riesgos, toma de decisiones compartida, sensibilidad cultural, manejo de conversaciones importantes, empatía clínica y verificación de la comprensión. Esa lista no describe una personalidad. Describe competencias concretas.

Eso no es improvisación. Es metodología. Estas seis acciones son un punto de partida para practicarlas.


1. Sustituye la pregunta cerrada por una abierta

"¿Tiene alguna pregunta?" invita a responder que no. Una pregunta abierta asume que es normal tener dudas y le da permiso a la persona para expresarlas.

"¿Qué preguntas tiene sobre lo que acabamos de hablar?"


2. Verifica con teach-back

Pide a la persona que explique con sus propias palabras lo que va a hacer. La responsabilidad recae en quien explicó, no en quien escuchó. Explicamos el método con más detalle en Cómo comunicarte con adultos mayores: 6 claves para hacerlo con empatía y claridad.

"Para asegurarme de que me expliqué bien, ¿me puede contar, con sus propias palabras, cómo va a tomar este medicamento?"


3. Abre espacio para el desacuerdo

Muchos planes de tratamiento fracasan sin que nadie lo diga en voz alta. La persona asiente en la consulta y decide otra cosa en su casa. Preguntar explícitamente por el desacuerdo lo convierte en información útil.

"Antes de seguir, ¿hay algo de este plan que no le resulte claro o que le resulte difícil de hacer en su casa?"


4. Comunica el beneficio, no solo la instrucción

Una instrucción sin propósito es fácil de abandonar cuando la persona se siente mejor o cuando aparece un efecto secundario. Conectar la acción con lo que la persona gana le da una razón para sostenerla.

"Le pido que lo tome todos los días, aunque se sienta bien, porque es lo que le va a proteger de que esto empeore."


5. Llama "importantes" a las conversaciones difíciles

La manera en que nombramos una conversación condiciona cómo entramos en ella. "Difícil" anticipa la resistencia y prepara la defensa. "Importante" pone el foco en lo que está en juego para la persona y prepara para estar presente.

"Esta es una conversación importante y quiero que tengamos el tiempo para hacerla bien."


6. Haz que el riesgo se pueda decir en voz alta

Si alguien del equipo identifica un riesgo y no sabe cómo alzar la voz, el problema no es solo individual. Las preguntas explícitas al cierre de un pase de turno o de una reunión clínica crean el espacio que la jerarquía a veces cierra.

"Antes de cerrar, ¿alguien vio algo que le preocupe y que todavía no hayamos dicho?"


Lo que la comunicación clínica no es y lo que no resuelve sola


Defender la comunicación como competencia clínica no implica convertirla en una solución mágica.


Una comunicación clara y asertiva no garantiza la adherencia del paciente. Tiene un impacto, sobre todo cuando se comunica el beneficio, pero la calidad de la comunicación es una de las condiciones que facilitan o dificultan que una persona comprenda y actúe sobre una recomendación. No es la única.


Tampoco conviene inflar la evidencia. Los datos sobre seguridad del paciente son una señal seria, pero con una certeza que los propios investigadores califican de baja o muy baja. Usarlos con honestidad fortalece el argumento. Exagerarlos los debilita.

La comunicación no sustituye un buen diagnóstico. No compensa un sistema confuso. No reemplaza el tiempo que la consulta necesita.

Y hay un matiz más, quizás el más importante: no podemos cargar con toda la responsabilidad de comprender al paciente. Pero tampoco toda la responsabilidad de comunicar sobre el profesional individual. Una parte enorme de lo que el paciente entiende (o no entiende) proviene de la organización.

"Yo soy así"


He escuchado en múltiples ocasiones frases como estas: "Yo soy así." "Yo no soy bueno hablando." "Yo soy más técnico." "Eso se lo dejo a la gente de comunicaciones."


No. Si trabajas con seres humanos, comunicas. Si trabajas en salud, tu comunicación tiene consecuencias.


El profesional de la salud diez estrellas no necesariamente nace comunicador. La buena noticia es que estas competencias pueden entrenarse, al igual que se entrena una técnica de sutura o la lectura de un electrocardiograma.


La competencia que decide lo que pasa después

Comunicar no es un adorno, no es un talento opcional, ni es tarea de otro departamento. Es la parte de la competencia clínica que determina qué ocurre cuando el profesional ya no está en la habitación.

La comunicación no adorna la competencia clínica. Forma parte de ella.

Descarga la autoevaluación de las cinco dimensiones de la comunicación clínica y compártela con tu equipo de trabajo: es un buen punto de partida para la próxima reunión.




Preguntas frecuentes


  1. ¿Por qué la comunicación no debería considerarse una habilidad blanda en salud? Porque la comunicación determina si la información clínica se transmite, se recibe, se interpreta y se utiliza correctamente. Cuando falla, puede afectar la seguridad del paciente, la adherencia al tratamiento y la confianza en el equipo. Requiere conocimiento, técnica, práctica, evaluación y entrenamiento, igual que cualquier otra competencia clínica.

  2. ¿Qué es la comunicación clínica? La comunicación clínica es la competencia de lograr que la información necesaria para el cuidado de una persona sea correctamente transmitida, recibida, interpretada y, cuando corresponde, utilizada. Va más allá de hablar con amabilidad: incluye lenguaje claro, escucha activa, verificación de comprensión, adaptación a cada persona y construcción de confianza.

  3. ¿Qué relación hay entre la comunicación y la seguridad del paciente? Una revisión sistemática publicada en Annals of Internal Medicine en 2025 encontró que la comunicación aparecía como factor contribuyente en una mediana de aproximadamente 24% de los incidentes de seguridad analizados, aunque con certeza de evidencia baja. La Joint Commission también ha identificado las fallas de comunicación entre las causas principales de eventos centinela.

  4. ¿Cuáles son las cinco dimensiones de la comunicación clínica? Claridad, para convertir información compleja en comprensible sin perder precisión. Escucha, para recoger información en vez de esperar el turno para hablar. Verificación, para comprobar la comprensión en lugar de asumirla. Adaptación, según edad, idioma, cultura y alfabetización en salud. Y conexión, porque la comunicación también construye o destruye confianza.

  5. ¿Se pueden entrenar las competencias de comunicación en profesionales de la salud? Sí. Nadie necesita nacer comunicador para comunicar bien en el contexto clínico. Técnicas como el teach-back, las preguntas abiertas, el lenguaje claro y la toma de decisiones compartida se aprenden con práctica, observación y retroalimentación. La evidencia sobre adherencia sugiere que el entrenamiento en comunicación de los médicos se asocia con mejores resultados.

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